En clave gallega (I)

Román Rodríguez (*)

Las elecciones celebradas en Galicia el pasado 18 de febrero han tenido, inevitablemente, variadas lecturas en el marco de la polarizada y crispada política estatal. Sin embargo, considero que muchas de ellas son tan forzadas como interesadas y que un análisis pormenorizado de los resultados del 18F y de los antecedentes históricos de esa comunidad apuntan a que se votó fundamentalmente en sentido territorial. En clave gallega. Con la tradicional enorme fortaleza del galleguista PP, que aglutina prácticamente todo el voto del ámbito conservador, y produciéndose una redistribución de los apoyos electorales en el espacio progresista, en perjuicio de las izquierdas alternativas estatales y del PSG-PSOE y en beneficio del galeguismo de izquierdas. El número de votos válidos respecto a 2020 se incrementó en más de 146.000.

El PP es el indiscutible triunfador, una vez más, de las elecciones gallegas. Ha ganado todos los comicios autonómicos desde 1981. Primero como AP y luego como PP. Con ocho mayorías absolutas, incluyendo la del 18F, en las once elecciones autonómicas celebradas. Gobernando siempre salvo dos pequeños paréntesis, entre 1987 y 1990 y entre 2005 y 2009, en que hubo presidentes socialistas (primero Fernando González Laxe, tras una moción de censura, y en la segunda ocasión Emilio Pérez Touriño) en gobiernos de coalición. El PP hace gala de un galleguismo conservador que sintoniza con una gran parte del electorado; cuenta con una elevada militancia y enraizada presencia en el conjunto de la sociedad gallega, no solo en sus entornos rurales. Con más de 700.000 papeletas, Alfonso Rueda incrementa en más de 72.000 los resultados del PP de 2020, entonces con Alberto Núñez Feijóo al frente de la candidatura. Logrando, con 40 escaños, dos menos que en la anterior cita electoral, la mayoría absoluta que le auguraban la mayoría de las encuestas.

La otra fuerza de la derecha estatalista, Vox, apenas suscita el apoyo de 32.500 votantes y la extrema derecha continúa sin conseguir representación en esta nacionalidad histórica. Dicho de otra forma: prácticamente todo el voto de derechas se concentra en el PP, con la rentabilidad que ello supone a la hora de la distribución de los escaños, a lo que se une un sistema electoral que sobre representa a las provincias menos pobladas, Lugo y Ourense. El bloque conservador -en el que hay que incluir el acta de Democracia Ourensana (DO), una formación de derecha populista- alcanza casi 750.000 sufragios, el 50,58%. Un dato similar al de los anteriores comicios, que fue del 50,74%.

Ana Pontón

No muy lejos, 706.790 votos y un 47,77%, a menos de tres puntos porcentuales de las derechas, queda el bloque de las plurales izquierdas. Fueron 616.720 y el 47,12% en el año 2020, con solo dos fuerzas progresistas con representación. Y 649.350 (el 45,27%) en las de 2016, elecciones en las que tres partidos de izquierdas consiguieron acceder a su Parlamento. En Galicia se mueve muy poco el porcentaje de los bloques izquierda-derecha con relación a los anteriores comicios.

En el bloque progresista con relación a 2020 se produce una caída del voto socialista, en esta ocasión con José Ramón Gómez Besteiro como candidato a presidir la Xunta, pasando de 253.750 a 207.691 papeletas. Y un significativo crecimiento del BNG de Ana Pontón, de 311.340 a 467.074, un aumento de 155.734 sufragios, una subida sustentada en apoyos procedentes de las menguantes izquierdas alternativas estatalistas y del PSOE, así como de un importante aporte de nuevos votantes. El BNG, con 25 escaños frente a los nueve del PSOE, refuerza su posición de principal fuerza de la oposición que ya tenía desde la pasada legislatura y, asimismo, se confirma como el principal referente de las izquierdas en Galicia, al menos en comicios autonómicos.

Respecto a la izquierda del PSOE parecen quedar muy lejos los tiempos en que llegó a encabezar nítidamente el espacio progresista gallego. Hay que recordar que, en los comicios autonómicos de 2016, poco después de que Podemos surgiera, En Marea fue la segunda fuerza más votada con 273.523 (14 escaños y 19,07%), por delante del PSOE (14; 17,88%) y del BNG (6; 8,36%). En las siguientes elecciones, las de 2020, concurriendo con la marca Podemos-Esquerda Unida-Anova, con 51.630 papeletas (3,94%), no lograron acceder al Parlamento; y ahora, divididos entre Sumar Galicia y Podemos-Alianza Verde, apenas consiguen conjuntamente 32.000 votos y el 2,16%, muy lejos del 5% que permite alcanzar representación. El descalabro, en muy pocos años, es más que evidente.

Amnistía 

Los resultados confirman, por cierto, que la amnistía a los condenados por el procés impulsada por el Gobierno progresista de coalición que preside Pedro Sánchez no se encontraba en el centro del debate ni fue relevante a la hora de decidir el voto por parte de los ciudadanos y las ciudadanas de Galicia, con un presunto castigo en las urnas a quienes la apoyan. De hecho, el partido que más creció, el BNG, con un incremento del 50% en sus papeletas respecto a 2020, es un comprometido defensor de la amnistía. Tampoco el temor a la extrema derecha, como sí ocurrió en las últimas generales. Fueron mucho más determinantes los comportamientos clásicos del sistema de partidos en Galicia y los asuntos en clave autonómica, como seguramente veremos también en las elecciones vascas que se celebrarán el próximo 21 de abril.

En las tres nacionalidades denominadas históricas se producen situaciones políticas y electorales bien diferentes. En Galicia, con un galleguismo conservador muy potente y estable, que representa el PP, y una oposición liderada por el galleguismo de izquierdas. Con un PSOE en retroceso y la desaparición del mundo Sumar/Podemos. En Euskadi, los sondeos indican una dura pugna por la supremacía entre PNV y Bildu, muy cercanos en los sondeos y sumando entre ambos el 68% de los votos. Con un PSOE, que puede ser determinante a la hora de formar gobierno, situado en tercer lugar, y un PP muy débil, así como una izquierda alternativa estatal al borde de la irrelevancia. Y, en Cataluña operan dos partidos catalanistas de derechas (Junts) e izquierdas (ERC) muy consolidados, pero con muchas probabilidades de que el PSOE de Salvador Illa vuelva a ser el más votado en las autonómicas. Y una derecha españolista con escaso peso en su Parlament. Por último, respecto a la extrema derecha, no tiene representación en Galicia, cuenta con un escaño de 75 en el País Vasco y con once de 135 en Cataluña.

En un próximo artículo incidiré en una lectura canaria de los resultados de estos comicios. 

(*) Presidente de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bc).