Una ola de indignación y a veces de asco, llenó el ánimo de los que trabajaban en el derrumbe, ante el paseo electoralista del ministro y de políticos locales
La invasión de la zona cero obligó a paralizar una hora los trabajos de rescate
EDDC.NET / Santa Cruz de Tenerife
¿Qué coño, con perdón, hace este ministro, aquí? Esta es la tónica secreta de muchos de los efectivos de seguridad y emergencias que trabajan sin descanso en el trágico derrumbe del edificio de Los Cristianos, que ayer se toparon con una visita esperpéntica de un ministro en funciones, el de Defensa, Pedro Morenés, al que se unió un enorme cortejo de todo tipo de fauna política y demás, que como una marabunta abnegó todo el perímetro del operativo de rescate y que obligó a que se dejara de trabajar en la búsqueda de los cuerpos de las personas desaparecidas (en ese momento, cinco), durante más de una hora, lo cual cabreó muchísimo a todos los que no se siente vasallos de las más altas autoridades políticas.
Una hora menos para que el ministro, del que nadie puede dar una explicación porque realizó una visita de esta manera, tan torpe, tan irresponsable, donde primó el electoralismo y el deseo de que todos los medios de comunicación recogieran el momento de este paseíllo.
Un síntoma de toda esta parafernalia, asquerosa e impropia. El ministro, que debe estar en Los Cristianos, a cuenta de la participación de la UME, que lo ha dado todo y más, en estos trabajos, llega al lugar y antes de entrar en la zona cero, se le acerca, con grandes zancadas, la portavoz del PP en el Ayuntamiento de Arona, Águeda Fumero, que es la primera política que lo saluda, adelantándose incluso a un sorprendido presidente del gobierno, Fernando Clavijo.
Pero lo peor fue que uno de los responsables del gabinete del ministro, por su cuenta y riesgo, abrió el perímetro y permitió que numerosos medios de comunicación, autoridades varias y curiosos, se abalanzarán en el interior y obligarán por cautela, la paralización de los trabajos de búsqueda de los desaparecidos, que en esos momentos, se cifraban en cinco.
Pero no solamente el ministro. Con Morenés por allí aparecieron autoridades que no han pasado por la zona y que cuando se fue el ministro, se fueron ellos. Sorprendentemente, los miembros de la Policía Autonómica cuando oscurece, abandonan la zona y vuelven por la mañana, ante la estupefacción de los allí presentes.
Muchos agentes de seguridad tienen que pagarse sus almuerzos y no hay previsto ni pago de dietas ni de horas extras y se cabrean ante el paseo de muchos con chalecos y cascos, que hacer, no hacen nada. Una autoridad a la que no compete estar ahí, la va a buscar un coche de la Policía Local de Arona y cuando se va la lleva hasta su casa. Muy fuerte la cosa.
El desfile de alcaldes sabiohondos y buscadores de foto es constante y tienen al alcalde de Arona, atribulado y preocupado, porque al considerar que es nuevo en esto, lo inundan de consejos, acciones, que más que ayudar, lo confunden. En fin. Miserias políticas. Y lo mejor, Carlos Alonso, califa de Tenerife, al que ven como se aposenta en el centro cultural de Los Cristianos y se pone a mandar, a disponer, como si la cosa fuera con él, cuando sabe que no tiene competencias, da igual. Por eso, para que todo el mundo sepa que está ahí, es el que dispone de los tres días de luto y Mena, mirándolo estupefacto.
Ahora vendrá lo peor. La investigación judicial, esa que pondrá las cosas en su sitio. Un dato recurrente: como siempre no habían suficientes coches en la Policía Nacional de Playa de Las Américas. A currar en el de uno, como siempre. ¿Y para eso viene un ministro? La misma mierda de siempre.
