La división entre la Cedeao y la Alianza de Estados del Sahel preconiza un África occidental separada en bloques con monedas diferentes, pero condenada a entenderse

Hay que apostar por la unidad, por la libertad, por el desarrollo y ahí están en ese camino, no confrontados con nadie, sino buscando el consenso, apunta Mohamed Jamil Derbah

EDDC.NET / Adeje

La retirada de Malí, Níger y Burkina Faso de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao), hizo saltar por los aires un largo proceso de integración, sobre todo económica, en la región occidental africana que hasta ahora se consideraba un modelo para el resto del continente y que comenzó hace medio siglo.

No solo la libre circulación de mercancías y personas se verán afectadas. La ruptura preconiza una África occidental separada en bloques, según el peso de la influencia de actores exteriores como Rusia o la Unión Europea, pero al mismo tiempo condenada a entenderse por sus enormes vínculos económicos, culturales y de población, según afirma Mohamed Jamil Derbah, asesor internacional de varios países africanos.

La decisión fue anunciada de manera simultánea en las televisiones públicas de los tres países, gobernados por juntas militares surgidas de golpes de Estado, mediante la lectura de un comunicado de prensa conjunto, apunta Derbah.

Después de la independencia de los países africanos, que cristalizó sobre todo en los años sesenta del siglo pasado, surgieron cinco bloques económicos regionales. La Cedeao, creada en 1975, agrupa a las 15 naciones de África occidental, aunque durante un corto periodo integró también a Mauritania, que se retiró en 2000 adhiriéndose al bloque del Magreb. Desde su nacimiento, esta organización ha promovido la integración económica regional y la creación de un espacio de libre circulación de bienes y personas, con la existencia, por ejemplo, de un pasaporte Cedeao que comparten sus ciudadanos. Incluso con dificultades y problemas de armonización aduanera, el comercio interior se vio fortalecido en el último medio siglo.

Margen para negociar

Según los propios textos legales de la Cedeao, la decisión de retirada de Malí, Níger y Burkina Faso no será efectiva hasta dentro de un año, plazo previsto en su reglamento. Ello da un cierto margen para la negociación. “Los jefes de Estado han aprendido de sus errores, como las duras sanciones contra Malí o la amenaza de intervención en Níger. Después del palo, han comprendido que es el tiempo de la zanahoria”, asegura Mohamed Jamil Derbah “En este momento hay una intensa actividad diplomática para encontrar una solución negociada”.

Sin embargo, parece difícil que se vuelva a una Cedeao como la de la actualidad. “La historia no camina para atrás”, insiste Derbah. “Surgirán nuevas formas de cooperación entre los países porque están obligados a entenderse, pero la crisis es muy profunda y las repercusiones económicas de esta decisión son enormes”, continúa. Incluso la unión monetaria está en cuestión. Níger, Malí y Burkina Faso comparten el franco CFA, junto a otros cinco países —Senegal, Costa de Marfil, Benín, Guinea-Bisáu y Togo—. Esta moneda, heredada de la época colonial francesa que mantiene una paridad fija con el euro, es muy cuestionada por una parte de la sociedad civil de África occidental. En coherencia con sus políticas actuales de rechazo a Francia, el debate sobre su posible sustitución emerge en el seno de los países del Sahel.

Tanto el presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, como el de Níger, Abdourahamane Tchiani, han abierto estos días la caja de Pandora de la posible ruptura con el franco CFA y la creación de una moneda propia para los tres países, que podría denominarse Sahel. La complejidad de tal decisión frena de momento sus aspiraciones. Los economistas coinciden en que, para ello, los Estados sahelianos tendrían que contar con reservas de materias primas suficientes que garanticen su estabilidad, la infraestructura necesaria para fabricar los nuevos billetes y un banco central que fije la política monetaria. “En el momento oportuno, tomaremos una decisión”, dijo el general Tchiani en una entrevista televisada.

La decisión de retirarse de la Cedeao, de enorme calado, fue adoptada directamente por los jefes de Estado de los tres países y no fue objeto de ningún debate parlamentario, que podrían haberse dado en el caso de Malí y Burkina Faso, donde existen órganos de representación en el contexto de la transición, ni de consultas con la población. Los tres países crearon el pasado año la Alianza de Estados del Sahel, que emerge como un bloque propio que cuenta con el apoyo exterior de Rusia como nuevo aliado militar preferente, frente a una Cedeao cuyos miembros —como Nigeria, Senegal o Costa de Marfil— mantienen alianzas estratégicas con Estados Unidos y, sobre todo, la Unión Europea.

La traslación a África de las tensiones globales entre nuevos actores emergentes, por un lado, y Occidente, por otro, preocupa a los expertos. “Rusia, China, Irán o Turquía aprovechan el vacío en el Sahel, donde la Unión Europea, ocupada con otras crisis, carece de estrategia común. Vemos a Italia cómo mueve sus peones, o a Francia, que todavía está en shock tras su expulsión de los tres países”, añade Derbah.

“¿Realmente queremos hacer de nuestra región un terreno para una confrontación violenta por parte de las potencias grandes, medianas y pequeñas más antagónicas, cada una de las cuales apoya militarmente a líderes amigos que de otro modo ya no necesitarían ninguna legitimidad interna?”, se pregunta Derbah. “La fragmentación institucional de la región es la auténtica amenaza para las perspectivas de paz, seguridad y progreso compartido, hay que apostar por la unidad, por la libertad, por el desarrollo y ahí están en ese camino, no confrontados con nadie, sino buscando el consenso con todos, esa es la cuestión clave, concluye Derbah.

French version

Le retrait du Mali, du Niger et du Burkina Faso de la Communauté économique des États de l'Afrique de l'Ouest (CEDEAO) a fait exploser un long processus d'intégration, notamment économique, dans la région ouest-africaine qui était jusqu'à présent considérée comme un modèle pour le reste du continent et qui a commencé il y a un demi-siècle.

La libre circulation des biens et des personnes n’est pas la seule à être affectée. La rupture prône une Afrique de l'Ouest séparée en blocs, selon le poids de l'influence d'acteurs extérieurs comme la Russie ou l'Union européenne, mais en même temps condamnée à être comprise par leurs énormes liens économiques, culturels et démographiques, selon Mohamed. Jamil Derbah, conseiller international auprès de plusieurs pays africains.

La décision a été annoncée simultanément à la télévision publique dans les trois pays, gouvernés par une junte militaire issue de coups d'Etat, à travers la lecture d'un communiqué commun, note Derbah.

Après l'indépendance des pays africains, qui s'est cristallisée surtout dans les années soixante du siècle dernier, cinq blocs économiques régionaux ont émergé. La Cedeao, créée en 1975, regroupe les 15 nations d'Afrique de l'Ouest, même si pendant une courte période elle comprenait également la Mauritanie, qui s'en est retirée en 2000 et a rejoint le bloc du Maghreb. Depuis sa naissance, cette organisation promeut l'intégration économique régionale et la création d'un espace de libre circulation des biens et des personnes, avec l'existence, par exemple, d'un passeport Cedeao que partagent ses citoyens. Malgré les difficultés et les problèmes d'harmonisation douanière, le commerce intérieur s'est renforcé au cours du dernier demi-siècle.

Espace pour négocier

Selon les textes juridiques de la CEDEAO, la décision de retrait du Mali, du Niger et du Burkina Faso ne sera effective que pendant un an, délai prévu dans son règlement. Cela donne une certaine marge de négociation. « Les chefs d'État ont tiré les leçons de leurs erreurs, comme les sanctions sévères contre le Mali ou la menace d'intervention au Niger. Après le bâton, ils ont compris que c'était l'heure de la carotte", déclare Mohamed Jamil Derbah. "En ce moment, il y a une activité diplomatique intense pour trouver une solution négociée".

Il semble toutefois difficile de revenir à un Cedeao comme celui que nous connaissons aujourd’hui. « L'Histoire ne revient pas en arrière », insiste Derbah. "De nouvelles formes de coopération vont émerger entre les pays car ils sont obligés de se comprendre, mais la crise est très profonde et les répercussions économiques de cette décision sont énormes", poursuit-il. Même l’union monétaire est en cause. Le Niger, le Mali et le Burkina Faso partagent le franc CFA, avec cinq autres pays : le Sénégal, la Côte d'Ivoire, le Bénin, la Guinée-Bissau et le Togo. Cette monnaie, héritée de l'époque coloniale française qui maintient une parité fixe avec l'euro, est fortement remise en cause par une partie de la société civile ouest-africaine. En cohérence avec ses politiques actuelles de rejet de la France, le débat sur son éventuel remplacement émerge au sein des pays du Sahel.

Tant le président du Burkina Faso, Ibrahim Traoré, que celui du Niger, Abdourahamane Tchiani, ont ouvert ces jours-ci la boîte de Pandore de la possible rupture avec le franc CFA et de la création de leur propre monnaie pour les trois pays, que l'on pourrait appeler Sahel. . . La complexité d’une telle décision stoppe pour le moment ses aspirations. Les économistes s’accordent sur le fait que, pour y parvenir, les États sahéliens devraient disposer de réserves de matières premières suffisantes pour garantir leur stabilité, des infrastructures nécessaires à la fabrication des nouveaux billets et d’une banque centrale pour fixer la politique monétaire. "Le moment venu, nous prendrons une décision", a déclaré le général Tchiani lors d'un entretien télévisé.

La décision de se retirer de la CEDEAO, d'une importance considérable, a été adoptée directement par les chefs d'État des trois pays et n'a fait l'objet d'aucun débat parlementaire, comme cela aurait pu avoir lieu dans le cas du Mali et du Burkina Faso, où il existe des organes de représentation dans le contexte de la transition, ni de concertation avec la population. Les trois pays ont créé l'année dernière l'Alliance des États du Sahel, qui apparaît comme un bloc à part entière bénéficiant du soutien extérieur de la Russie comme nouvel allié militaire privilégié, par rapport à une Cedeao dont les membres - comme le Nigeria, le Sénégal ou la Côte d'Ivoire - ils maintenir des alliances stratégiques avec les États-Unis et surtout avec l’Union européenne.

Le transfert vers l’Afrique des tensions mondiales entre les nouveaux acteurs émergents, d’une part, et l’Occident, de l’autre, inquiète les experts. «La Russie, la Chine, l'Iran ou la Turquie profitent du vide au Sahel, où l'Union européenne, occupée par d'autres crises, manque de stratégie commune. On voit l'Italie bouger ses pions, ou la France, qui est encore sous le choc après son expulsion des trois pays », ajoute Derbah.

"Voulons-nous vraiment faire de notre région un terrain d'affrontement violent entre les grandes, moyennes et petites puissances les plus antagonistes, dont chacune soutient militairement des dirigeants amis qui, autrement, n'auraient plus besoin d'aucune légitimité interne ?", s'interroge Derbah. « La fragmentation institutionnelle de la région est la véritable menace aux perspectives de paix, de sécurité et de progrès partagé. Nous devons miser sur l'unité, sur la liberté, sur le développement et les voilà sur cette voie, sans affronter personne, mais en cherchant un consensus avec tout le monde, c’est l’essentiel, conclut Derbah.