La necesidad de una solución conjunta para la crisis de menores no acompañados en Canarias

Mohamed Jamil Derbah manifiesta una realidad que no podemos seguir ignorando: la crisis de los menores no acompañados en Canarias. Este no es solo un problema regional, sino una cuestión humana que requiere la colaboración de todos para encontrar una solución adecuada.

En un contexto donde la política a menudo enturbia los debates y dificulta la búsqueda de soluciones efectivas, hay que hacer un llamado claro y contundente: "todos somos iguales y el problema que tenemos en Canarias debemos resolverlo entre todos". Esta afirmación no solo reconoce la gravedad de la situación, sino que también apela a la solidaridad y a la responsabilidad compartida.

Es inaceptable que un problema humanitario de tal magnitud recaiga exclusivamente en una región como el archipiélago canario. Canarias ha sido históricamente una puerta de entrada para migrantes que buscan un futuro mejor en Europa, pero no puede ni debe afrontar sola este desafío. El hecho de que se pretenda "arrojar en Marruecos a miles de menores de edad" es una propuesta inviable y moralmente cuestionable. No puede haber lugar a equívocos en este aspecto.

La legislación vigente en España dificulta enormemente la expulsión de estos jóvenes que han entrado ilegalmente. No obstante, la respuesta no puede ser simplemente acoger a los necesitados sin abordar las raíces del problema.

El verdadero problema es no identificar y denunciar a los culpables reales detrás de esta crisis. La migración irregular de menores no es un fenómeno espontáneo; es el resultado de redes de tráfico humano, situaciones de conflicto, pobreza extrema y falta de oportunidades en los países de origen. Sin una estrategia que aborde estas causas fundamentales, cualquier medida tomada será solo un paliativo temporal.

Hay que alejarse del ruido y la confrontación política, es una exhortación a la acción conjunta, racional y compasiva. No se trata de culpar, sino de asumir la responsabilidad y actuar de manera coordinada. Estamos ante una situación que exige una respuesta colectiva, en la que todos los niveles de gobierno, organizaciones internacionales y la sociedad civil deben involucrarse activamente.

En última instancia, estamos en un momento crítico. "Es el momento de actuar". Esta crisis de menores no acompañados es un reto complejo que pone a prueba nuestra humanidad y nuestra capacidad para colaborar más allá de las divisiones políticas. Si realmente queremos una solución sostenible y justa, debemos abordar esta situación con la seriedad y la urgencia que merece, reconociendo que es un problema que nos concierne a todos.

(*) Articulista