Antonio Plasencia, el delincuente ambiental que ocupaba gran parte de su precioso tiempo en insultar a los ecologistas

¿Era absolutamente imprescindible que Antonio Plasencia reconociera sus delitos para saber cómo se las ha gastado con esta tierra en los últimos 30 años? Técnicamente probablemente sí, por aquello de no meterse uno en líos y eso, pero qué duda cabe que todo el mundo, empezando por los políticos -casi todos- que han puesto la mano para que les financiara las campañas y demás, sabía quién era el señor Plasencia y hasta qué punto llegaba su responsabilidad como siniestro personaje capaz de todo con tal de hacerse asquerosamente rico.

Y hasta tal punto se ha hecho asquerosamente rico, a costa las más de las veces de lo más valioso que tenemos, que esos 52 millones de euros que le ha ofrecido al juez para librarse de la cárcel deben ser para él poco más de lo que a usted y a mí nos representa el gesto de echar mano a la cartera para pagarnos un buen desayuno. Y en algunos casos ni tan bueno tampoco. ¿O es que no sacó don Antonio 200 o 300 millones de euros de esos barrancos de Güímar mediante canteras ilegales que ahora pretende -y lo conseguirá sin duda- 'compensar' con menos de la cuarta parte de lo que fueron sus beneficios con toda seguridad? Vamos, el crimen perfecto sin la más mínima duda.

Y no llama la atención, ya se los digo yo, que condenen a Plasencia a poco que alguien se moleste en ir al juzgado y a poco que la Fiscalía se ocupe de lo que se tiene que ocupar, que no es otra cosa que perseguir el delito que es justo lo que no se hizo en este caso cuando se tuvo que hacer y cuando el daño tenía más o menos remedio. Y quien dice los barrancos de Güímar dice Las Teresitas, el Puertito y las más de mil viviendas buena parte de ellas ilegales, las alturas en Punta Larga, la ocupación del dominio marítimo sin escrúpulos de ningún tipo... Otra cosa es, creo yo, la facilidad con la que este hombre, que ahora se reconoce a sí mismo como uno de los mayores delincuentes ambientales que haya existido en Canarias jamás, se despachaba contra los ecologistas, ‘falsos ecologistas’ diría él parafraseando al malogrado Pepito Rodríguez, cada vez que algún periodista de la farándula mediática canaria le ponía una alcachofa delante.

No le quedó insulto ni descalificación que no largara por esa boca sin el más mínimo reparo para unas personas y colectivos que si por algo nos caracterizamos siempre fue por se excesivamente comedidos ante los desmanes de este señor contra nuestro territorio en medio de la más absoluta impunidad. Vamos, justo lo que él solito reconoció ante el juez hace un par de día en Santa Cruz de Tenerife.

En fin, que ahí está don Antonio con su primera condena importante que, como este país es como es, no le llevará a la cárcel porque ha robado lo suficiente como para tener bien cubiertas sus espaldas. Que si en vez de haber hecho ilegalmente unos socavones de miles de metros cuadrados en los cauces de unos barrancos en Güímar se hubiera saltado un semáforo por un despiste o robado una barra de pan por estar pasando hambre es seguro que las posibilidades de pisar la cárcel le hubieran aumentado casi de manera exponencial. Yo diría que casi tan exponencialmente como crece la percepción ciudadana de que ni hacienda somos todos ni la 'justicia' trata ni de lejos a todo el mundo por igual. Eso es un chiste malo.