08 Jun 2026

La electrificación del automóvil impulsa la demanda de infraestructuras especializadas para el reciclaje

Economía

La transición hacia el vehículo eléctrico está desplazando el foco del debate más allá de la venta y el uso diario, hacia una cuestión clave: si el sistema está preparado para gestionar correctamente estos vehículos al final de su vida útil

ELDIGITALDECANARIAS.NET/Madrid

El crecimiento sostenido de los coches eléctricos en las carreteras españolas está trasladando el foco del debate más allá de la venta y el uso diario. La atención empieza a centrarse en cómo preparar al sector para gestionar, de forma segura y eficiente, unos vehículos que incorporan tecnologías y materiales muy distintos a los tradicionales

Durante décadas, el final de la vida útil de un vehículo fue un proceso casi invisible para la mayoría de los conductores. El coche desaparecía del paisaje cotidiano y entraba en una cadena industrial silenciosa, pero bien engrasada, que se encargaba de descontaminarlo, desmontarlo y reciclarlo. Hoy, esa escena aparentemente conocida se enfrenta a una pregunta clave: ¿está preparada la infraestructura de reciclaje para la nueva generación de vehículos eléctricos que ya circula por nuestras carreteras?

La electrificación del parque automovilístico español avanza con una rapidez inédita. Solo en los últimos cinco años, las matriculaciones de vehículos electrificados se han multiplicado por más de tres, según datos de ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones), impulsadas por los objetivos climáticos europeos, los incentivos públicos y un cambio progresivo en la percepción social de la movilidad. Sin embargo, mientras el debate público se centra en los puntos de recarga, la autonomía o el precio de compra, existe un eslabón de la cadena que empieza a tensionarse: el tratamiento de estos vehículos cuando llegan al final de su vida útil.

Un cambio tecnológico que transforma el reciclaje

El vehículo eléctrico no es simplemente un coche tradicional con un motor distinto. Es una máquina profundamente diferente, tanto en su concepción

como en los materiales que la componen. Baterías de alta tensión, sistemas electrónicos complejos, motores con tierras raras y nuevos compuestos convierten su reciclaje en un proceso mucho más exigente que el de los vehículos de combustión.

Hasta hace relativamente poco, la mayoría de los Centros Autorizados de Tratamiento (CAT) en España estaban diseñados para gestionar coches con tecnologías conocidas: motores térmicos, cajas de cambios convencionales y sistemas eléctricos de baja tensión. La llegada progresiva de vehículos eléctricos obliga ahora a repensar instalaciones, protocolos de seguridad, formación del personal e inversiones en equipamiento especializado.

Estamos ante un cambio estructural del sector. El vehículo eléctrico exige una preparación técnica muy superior y una gestión mucho más cuidadosa de determinados componentes, especialmente las baterías”, explica Esteban Alabajos, gerente de RO-DES.

Baterías: el corazón del desafío

Si hay un elemento que simboliza este nuevo escenario es la batería. Puede representar hasta el 40 % del valor total del vehículo, según estimaciones del propio sector y de informes de la Comisión Europea sobre cadena de valor de las baterías y concentrar cientos de kilos de materiales estratégicos como litio, níquel, cobalto o manganeso. Su manipulación incorrecta no solo supone un riesgo ambiental, sino también un peligro real para la seguridad de los trabajadores y de las propias instalaciones.

A diferencia de otros componentes, las baterías no pueden desmontarse de forma inmediata ni tratarse como un residuo convencional. Requieren zonas específicas de almacenamiento, sistemas de aislamiento, tiempos de enfriamiento y, en muchos casos, la colaboración con gestores especializados para su reutilización o reciclaje final.

Este contexto está impulsando una demanda creciente de infraestructuras capaces de gestionar estas baterías de forma segura y trazable. Aunque hoy el volumen de vehículos eléctricos que llegan a los desguaces todavía es limitado, las previsiones del sector apuntan a un crecimiento exponencial a partir de 2030, cuando comiencen a darse de baja las primeras grandes oleadas de vehículos electrificados matriculados en esta década, tal y como advierten estudios de prospectiva del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Una red que debe adaptarse con rapidez

España cuenta con una de las redes de CAT más amplias de Europa, un activo estratégico para avanzar hacia una economía circular real en el sector de la automoción. La normativa obliga a reutilizar o reciclar al menos el 95 % del peso de cada vehículo, de acuerdo con la Directiva 2000/53/CE sobre vehículos al final de su vida útil, aplicada en España a través de la legislación estatal, independientemente de su tecnología. Sin embargo, no todos los centros se encuentran en el mismo punto de adaptación tecnológica.

La transición hacia el vehículo eléctrico está poniendo de manifiesto una brecha entre las exigencias del nuevo parque móvil y la capacidad instalada actual. La adaptación no es inmediata ni sencilla: implica inversiones en formación técnica, adecuación de espacios, adquisición de herramientas específicas y desarrollo de nuevos protocolos de trabajo.

Muchos centros están haciendo un esfuerzo enorme por adaptarse. La gestión de un coche eléctrico no se improvisa: requiere conocimientos, experiencia y medios adecuados”, señala Pablo Nuñez, gerente de Desguaces Pablo e Hijos y colaborador de RO-DES.

Más allá del reciclaje: reutilización y segunda vida

El debate sobre la infraestructura de reciclaje no se limita al tratamiento final de los materiales. La electrificación abre también nuevas oportunidades en la reutilización de componentes y en la llamada segunda vida de las

baterías. Antes de ser recicladas, muchas pueden destinarse a sistemas de almacenamiento energético, autoconsumo o respaldo para energías renovables.

Este enfoque encaja con los principios de la economía circular promovida por la Unión Europea, que busca alargar la vida útil de los productos, reducir la extracción de materias primas y minimizar el impacto ambiental del ciclo completo del vehículo. Para que este modelo sea viable, la infraestructura de reciclaje debe integrarse con otros actores industriales y energéticos, creando cadenas de valor que hoy todavía están en fase de consolidación.

El papel estratégico del sector del desguace

Lejos de ser un actor marginal, el sector del tratamiento de vehículos fuera de uso se sitúa en el centro de esta transformación. Su experiencia en la gestión de materiales, la trazabilidad de piezas y la reutilización de

componentes es clave para que la transición hacia el vehículo eléctrico no genere nuevos problemas ambientales o logísticos.

En este escenario, redes como RO-DES aportan una visión global del sector, conectando centros, talleres y gestores especializados, y facilitando la adaptación progresiva a las nuevas exigencias tecnológicas. El conocimiento

acumulado durante décadas en el reciclaje de vehículos se convierte ahora en una ventaja competitiva para afrontar un futuro más complejo, pero también más sostenible.

La transición eléctrica no termina cuando el coche deja de circular. Ahí es donde empieza otro reto igual de importante: gestionarlo bien para que sus materiales vuelvan al sistema de forma responsable”, apunta Esteban Alabajos.

Un reto colectivo que exige planificación

La creciente demanda de infraestructura de reciclaje especializada no es un problema aislado del sector. Afecta a fabricantes, administraciones públicas, aseguradoras y consumidores. La planificación a largo plazo será determinante para evitar cuellos de botella cuando el volumen de vehículos eléctricos fuera de uso aumente de forma significativa.

Los expertos coinciden en que anticiparse es clave. Adaptar la infraestructura una vez que el problema ya es masivo resulta mucho más costoso y menos eficaz. La transición hacia la movilidad eléctrica no puede medirse solo en términos de ventas, sino también en la capacidad del sistema para cerrar el ciclo de vida del vehículo.

Mirar al futuro con realismo

El avance del vehículo eléctrico es imparable y, con él, la necesidad de una infraestructura de reciclaje preparada para asumir sus particularidades. España parte de una posición sólida, pero el margen de mejora es evidente. La clave estará en convertir este desafío en una oportunidad para modernizar el sector, generar empleo especializado y reforzar un modelo de movilidad verdaderamente sostenible.

La forma en que hoy se preparen los centros de tratamiento marcará el impacto ambiental y económico de la electrificación mañana. Porque en la transición hacia una nueva movilidad, el final del camino también importa.

PUBLICIDAD