El tiempo corre

Pedro M. González Cánovas (*)

Los tiempos han cambiado. La ultraderecha saca pecho hasta en los países en los que antaño las dictaduras hicieron atrocidades y aún se clama justicia por aquello. Imperan y se sitúan geoestratégicamente, alardean de su «mano dura», incluso más de la cuenta, y viven de la mentira social trasladada a las masas a través de medios de comunicación y redes sociales que controlan. Desde ahí, promulgan la ignorancia y la «pérdida de tiempo» que significa emplearlo en formación, cuando internet y la IA destapan cualquier duda o se encargarán de toda gestión.

La izquierda sigue intentando racionalizarlo todo, argumentando y exponiendo razones científicas: una postura que se aleja al extremo contrario de donde está la gente que huye de la cultura, de la ciencia, de la educación y todo aquello que no sea un eslogan más que un argumento y que termina por ser abducida por la derecha que lo adoctrinó a través de las pantallas.

Hay quien achaca al crecimiento de la ultraderecha a la ignorancia o la baja formación política de la mayoría de la población. Sin embargo, otros pensamos que estamos fallando en la comunicación, precisamente por no asumir la simpleza necesaria que algunos califican como «populismo».

Que nadie piense ni por un instante que esto es un descalificativo del marxismo o del discurso que aún utiliza palabras de Marx, haciendo piruetas para acoplarlas a los tiempos que corren o no. Tampoco retrocedo hasta el socialismo utópico, porque la realidad nos aleja de aquellas fantasías y la derecha emergente nos enseña lo peor del ser humano.

Si hoy queremos hablar de Socialismo, tenemos que pensar en reinventarlo. Un nuevo socialismo del siglo XXI, adaptado a los tiempos, como lo ha hecho China u otros gigantes enfrentados al imperialismo, y con conciencia de que hay un enemigo que se llama Capitalismo y se alimenta del robo y el asalto.

Lo reconozco, si bien este corto escrito tiene la intención de abocar a la reflexión y la autocrítica, y no está hecho para redes sociales ni para llegar a las masas, que para eso hay profesionales y especialistas.

(*) Articulista