| La tribu de los binderwurs practican el canibalismo porque existía la creencia de que consumiendo el cuerpo del enemigo, su espíritu quedaría destruido y sus virtudes pasarían a formar parte de quien practica la antropofagia” ( W. Arens).
En estos tiempos en que la macro crisis internacional ha cuestionado el sistema, planteando incluso una refundación del capitalismo, me viene a la mente una corriente filosófica que supone la mayor crítica al sistema después de Marx: La Escuela de Frankfurt. Horkheimer, Adorno y compañía, pusieron de manifiesto los mecanismos de un sistema económico que cosifica al ser humano y lo convierte en una herramienta cuadriculada más del propio sistema. Pero el aspecto que más me marcó de aquella teoría es la capacidad del sistema para absorber aquello que le ataca y volverlo de su parte. El ejemplo histórico más significativo fue el movimiento hippy. Se trató de un planteamiento que se oponía a todos los valores capitalistas. Frente al consumo, desdén por la propiedad privada (incluida la del propio cuerpo); frente al trabajo duro, el impulso vitalista; frente al traje y la corbata, ropa reciclada decorada con manchas de lejía. Aquella filosofía se extendió por todo el mundo poniendo en cuestión los valores tradicionales. La reacción no se hizo esperar. La estrategia consistió en elevar a la categoría de moda la estética hippy. La ropa desteñida pasó a fabricarse en masa al tiempo que se le añadían etiquetas de marca y se extendía el mensaje de que esa estética era el último grito. La masa la adoptó, siguiendo cual marionetas, las órdenes de los que imponen “lo que se lleva”. De esta manera se desvirtuó lo que era el símbolo de la rebeldía bajo el lema: “paz y amor”. Aún hoy, la publicidad (herramienta del sistema) mantiene la estrategia. O no le suena de algo: “paz y amor y… el plus pal salón”. Se trata de una forma moderna de la antropofagia.
Me mata la curiosidad por conocer en qué momento, el señor alcalde de la Ciudad de Tacoronte tomó contacto con la filosofía frankfurtiana y descubrió la estrategia de convertir en propio aquello que le ataca. Lo que es indudable es que este contacto tuvo lugar antes del 22 de octubre de 2005. En aquel momento, el Gobierno de Canarias dio el visto bueno para la construcción de un macro-puerto deportivo privado del tamaño de 42 campos de fútbol que afectaba la costa tacorontera. Lo que inmediatamente desató la alarma en las personas con cabezas mediamente bien amuebladas, que vieron el peligro especulativo que apadrinaba José Pérez Labajos; en el alcalde tacorontero, Hermógenes Pérez, provocó una reacción bien distinta. En artículo de prensa datado en la fecha arriba señalada y firmado por Agustín González., se podía leer:” Se trata de un proyecto maravilloso, ambicioso y revolucionario que puede consagrar a nuestro municipio (…) es una inversión multimillonaria que el ayuntamiento apoya decididamente”. Una vez más, los vecinos de este municipio demostraron estar por encima de sus dirigentes y se creó una plataforma para la defensa del litoral tacorontero. El 25 de noviembre se produjo la primera transformación conocida del alcalde Pérez. Ese día se planteó una recogida de firmas en contra del proyecto en el Mercadillo Del Agricultor. Cuando Alcalde hizo presencia en el recinto recibió la ira de la gente que ya se encontraba sensibilizada e informada de las intenciones especulativas que se escondían tras el proyecto. Siguiendo la estrategia que denunciaron los frankfurtianos y ante el pasmo generalizado de los que habían organizado la recogida de firmas, el edil se quitó el taje y la corbata y con los reflejos y la habilidad de Superman para cambiarse de ropa, se puso el disfraz de hippy y se sumó a la recogida de firmas. El defensor de la “maravilla” pasó a rechazarla públicamente y sin sonrojo alguno, en cuestión de segundos. Poco después se autoerigió en detractor de la hermosura que el coste electoral convirtió en adefesio.
El segundo hito histórico aún retumba en la conciencia reciente de los tacoronteros. El equipo de gobierno de Coalición Canaria promovió y defendió un PGO que dio la impresión de ser diseñado por un niño de primaria a quien se le dio un juego de reglas, para dibujar arbitrariamente líneas en un plano, que más tarde se pretendía materializar en la organización vial del municipio. Los individuos del siglo XXI han visto mermada su capacidad de lucha como consecuencia de la aplicación de la sociedad del bienestar. Dejar la rutina diaria, el calor del hogar y los últimos acontecimientos del Gran Hermano, para emprender la ardua labor de luchar contra las injusticias de las instituciones, se hace muy cuesta arriba. El espíritu solo se desata cuando tiembla alguno de los pilares de la vida del individuo. Este fue el caso. De forma masiva, la gestión nefasta del alcalde y el concejal de urbanismo, puso en cuestión el ámbito físico en que se materializa la vida de la gente: la propiedad privada. Un movimiento salido de la nada saltó a la calle como cotufas cuando se les aplica el calor necesario. La pasividad originaria de la gente explotaba por las esquinas en forma de rosetas blancas que olían a ira e impotencia. Una vez más, el alcalde camaleónico vio peligrar sus expectativas de perpetuarse en el poder a consecuencia de su nefasta gestión.
Llegó la hora de desempolvar el traje de hippy que lució en el Mercadillo del Agricultor, años atrás. Tras aceptar la moción presentada por el PSOE solicitando la revocación del plan, en lugar de retirarlo previamente (lo que hubiera supuesto reconocer públicamente un error fragrante), se dejó enfriar el plato de las cotufas y se llegó, plácidamente a las navidades, donde los corazones se reblandecen y el sentimiento del perdón se sublima. Enfundado en su traje renovado de hippy, el señor alcalde introdujo una nota titulada “plan general”, en el paquete de felicitación navideña que envió a los tacoronteros. Lo más significativo del citado panfleto era el punto donde se indicaba: “ A propuesta del alcalde se creará un consejo asesor” que represente a la totalidad de la sociedad con la finalidad de que sea el pueblo el redactor del nuevo plan. El mismo que hizo fracasar el PGO originario por no partir del consenso se eligió como el adalid de la participación ciudadana. Una vez más, sin atisbo de sonrojo en su rostro y obviando que la figura del consejo venía recogida en la moción presentada por el grupo socialista.
Lo descrito hasta el momento representa solo algunas manifestaciones de una forma populista y camaleónica de practicar la política sin compromiso ideológico alguno. Pero mucho me temo que los acontecimientos tienen una tercera parte. Se aproxima en el horizonte el fantasma de un nuevo conflicto con forma de vagones. El Tren del Norte amenaza de nuevo con fago tizar la propiedad de los infortunados que cruzan sus casas en el camino de las vías, en lo que parece un nuevo intento de favorecer intereses especulativos disfrazados de soluciones al tráfico infernal de la TF- 5. El alcalde que pretendía arrasar el pueblo a lo ancho, a lo largo y a lo alto como un tsunami descomunal, retoma la estética hippy y parece querer encabezar el sentimiento de los que se ven afectados por la nueva ocurrencia interesada. Por una extraña razón que mi mente limitada no alcanza a entender, los damnificados del Tren del Norte crean un desasosiego en el equipo de gobierno que no existió cuando fueron ellos los que originaron miles de afecciones irracionales con su famoso PGO.
Ahora que se acercan los carnavales nos invade la curiosidad por conocer que disfraz lucirá desde la caravana anual de coches de época. Dependerá, supongo, del tiempo: si llueve irá de paraguas, si hace viento de cometa, si vienen olas de surfista y si arrecian manifestaciones en su contra, hará suyo el lema y se disfrazará de pancarta en primera fila. De todo menos de aquellas fantasías que no se venden en tiendas especializadas: compromiso ideológico, coherencia política y autenticidad. Es hora de que la gente sepa leer bajo la ropa de los políticos. El traje de hippy de Hermógenes y su grupo tiene etiqueta de “versace”.
La tribu de los bindewurs practicaban el canibalismo impulsados por creencias supersticiosas y probablemente por carencia de proteínas en su dieta.
Atenuantes inocentes si los comparamos con la antropofagia con premeditación y alevosía que practican los caníbales modernos devoradores de ideas impulsados por el interés y la falta de integridad en su “dieta”.
(*) Articulista
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