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 04-07-2009 a las 10:21  
El Camino de Jinama

| JULIO FEBLES (*)
Desde lo alto de Jinama observaba la meseta de Nisdafe. Una densa bruma impedía por completo su visión. Al momento, la niebla comenzó a alzarse lentamente y, poco a poco, fue apareciendo en todo su esplendor el oculto paisaje verde, ancho, profundo, extenso, fraccionado por infinitas e irregulares líneas de piedra, formando un sinfín de figuras poligonales, flanqueado por viejos volcanes, antiguas montañas desgastadas por el tiempo. Y en el centro … en mitad del paisaje, partiéndolo en dos y atravesándolo de un lado al otro, emergía una espléndida cinta negra, ancha, larga, recta, suavemente tapizada de reluciente asfalto, bordeada por equidistantes paredes de piedra natural rematadas con argamasa de cemento … ¡Una hermosa carretera!. No la había visto antes. Sí, conocía la existencia de un centenario camino real con su traza contorsionada y sinuosa, pegada al terreno, con viejas calzadas y asperillas limadas por el tiempo, por las herraduras de las caballerías y el paso de los arrieros y los caminantes. Otrora fue la ruta principal de comunicación de la isla, desde la Villa a El Golfo, pasando por el Risco de Jinama. Por ella transitaron todos cuantos en la isla han sido. Contiene toda la historia insular…Pero ha muchos años de eso.

Me explicaron unos viajeros que como yo también admiraban el bello panorama, que atendiendo al clamor popular y gracias al empeño y la eficaz colaboración de las Administraciones Públicas (Ayuntamiento, Cabildo y Gobierno de Canarias), y después de aprobar el proyecto de acondicionamiento y mejora de la “Pista Nido del Cuervo”, minuciosa y detalladamente elaborado, se había alcanzado un viejo y codiciado sueño, a saber, el de poder cruzar la Meseta de Nisdafe en un santiamén. Trasladarse desde Jinama a Las Chamuscadas (y viceversa) en menos de lo que canta un gallo. Esto ya era hoy posible gracias a esta ancha (más de cuatro metros y hasta seis en algunos tramos) y recta “pista” que se extendía ante nuestros ojos. ¡Qué maravilla!. ¡Si los viejos levantaran la cabeza y pudieran verlo!. Con las penas que pasaron con sus burritos cargados y toda clase de animales, andando por aquellas estrecheces, la tierra sonando bajo sus pisadas, golpeándose las canillas contra las piedras tan mal emparejadas, las dichosas pedreras salientes del suelo como puestas adrede para tropezar, la polvareda en los días ventosos y de calor, …

Y ahora, ¡zas!, en un instante, con su coche de paseo (no hace falta que sea un vehículo de trabajo), puede usted ponerse de arriba abajo y de abajo arriba en un pis pás.

Claro que para poder hacer esto hubo que tirar la albarrada, la pared de piedra seca, la gruesa, la que se levantó cuando era zona comunal y un año se sembraba a un lado y al otro quedaba para pastos, y viceversa al año siguiente (“Discurriose el año de 1635 sobre hacerse una división en el pago de Nisdafe, de forma que, dividido en dos mitades, la una en un año se sembrase, quedando la otra disoluta para pastos comunes. Dividiose de esta forma: de La Albarrada principal por la Tierra que Suena arriba, a dar a la entrada de Jinama. Ordenose que en la parte que quedase holgada, de ninguna suerte se sembrase, porque se reservaba a los ganados, y se apercibe con graves penas a quien contraviniere esta disposición… Para mayor seguridad de la división, ordenó el mismo señor D. Diego de Guzmán se hiciese una pared bien suficiente que fuese línea de separación”). Pero, ¿qué valor tiene hoy una pared vieja y cambada que en su mayor parte ya estaba caída?. Ahora sí que está bien. Nueva, con su buena torta de cemento por encima para sujetar las piedras, y rectita por los dos lados como una regla, que para eso todos los propietarios dieron para el ensanche (no hubo ni uno que se negara a todo lo que le pidieran), con sus cancelas de tubo galvanizado en todos los cercados y, además, la piedra vieja no se perdió, se sacó de ella buen provecho en la machacadora del Solimán. Lo más difícil fue la calzada del Nido del Cuervo, con tanta vuelta y el pedrerío que había debajo, pero en un par de ratos la Caterpillar la dejó como una era, y ahora parece una plaza redonda para dar vueltas y cambiar de sentido, y llana que apenas tiene pendiente. Quién lo iba a decir.

Con esta obra volverá pronto la prosperidad a la meseta, se llenará de espigas de cebada y de trigo, de millo y de chochos, de archita y manchón, de papas de hoyo y calabaceras, de cabras y vacas pastando felices, de ovejas y carneros comiendo los “verdes”, de burros y mulos apurando los rastrojos, de conejos y perdices listos para ser cazados, de caballos y yeguas retozando libres, … Ahora que se puede llegar en coche deportivo hasta el mismo portillo y entrar si quieren, los agricultores y los ganaderos están deseosos de sembrar, plantar, recolectar (se dice que la tubería del agua corriente del pueblo no tardará en llegar para regar con agua potable ¡qué lujo!), criar animales, como antaño. Nisdafe volverá a ser el granero y la despensa de la isla.

Al fin, poco a poco, va llegando lo moderno, el progreso, la ciencia y la técnica…el siglo XXI. Hay que ver cómo disfrutan ahora los conductores por esa “pista” y, sobre todo, los caminantes que pueden pasar ligeros, sin peligro de caerse y mancarse, todo lisito y llano, no como antes. Y la cara de contentos de los excursionistas, con sus pantalones cortos (ya no se pinchan las piernas con tanto cardo y tanta tagarnina), con sus bastones de aluminio y mochila a la espalda (bueno, es cierto que algún tiquis miquis se queja de que le arden los pies al caminar sobre asfalto, que no es lo mismo que sobre tierra, pero eso es mimosería sin importancia, que se vaya a caminar a su pueblo). Que para eso la isla es parte del programa de Caminos Naturales del Ministerio de Medio Ambiente, y de la red mundial de senderos, desde San Petersburgo a La Patagonia, y se va avanzando hacia la consecución del Sendero Circular de Gran Recorrido por los Caminos Tradicionales (como una circunvalación, vaya), y las autoridades saben que tienen que conservarlos y hacer en ellos mejoras como ésta (ancharlos y enderecharlos, para que pasen hasta dos coches o jeeps a la vez sin tener que pararse ninguno ni aflojar siquiera la velocidad), y que la isla es Reserva Mundial de la Biosfera, y que el Gobierno de Canarias le ha concedido el premio César Manrique de Medio Ambiente 2008 (“por su apuesta y defensa sin fisuras por la consecución de un modelo insular sostenible y especialmente respetuoso con el entorno natural”). ¡Ay César, te escapaste de ver todo lo que se dice y se hace en tu santo nombre!

El Plan Insular de Ordenación de la isla recoge que integran el Patrimonio Etnográfico tanto los conjuntos como los elementos de muy diversa naturaleza, pertenecientes al paisaje rural tradicional (lagares, eras, hornos de cal, salinas), así como los ligados a la explotación del agua (“recurso hídrico”, le dicen), tales como fuentes, aljibes, pozos, albercas…incluyendo en esta categoría la red de caminos o principales rutas tradicionales. Y ordena también que, en general, no se permitirá la apertura de nuevas carreteras o pistas o caminos, o el ensanchamiento o asfaltado de los tradicionales, si no son declarados de utilidad pública y social, o no respondan a las necesidades del sector primario, debiéndose potenciar al máximo los existentes…. Pero como todas las carreteras, pistas y caminos, incluidos los tradicionales, son de utilidad pública y social, y responden a las necesidades del sector primario, pues asunto arreglado. Así que nada debemos temer, pues la preservación y cuidado de estos valiosos elementos culturales y paisajísticos está garantizada, como se puede comprobar fácilmente con sólo echar un vistazo a lo largo, ancho y alto de la isla.

Me contaron también que esta flamante y reciente obra no era la única, que ya se habían acondicionado y mejorado antes otras muchas “pistas”, de las que se viene disfrutando hace tiempo, como las de El Camino Pinto, Las Casas, Los Apartaderos, el Corral del Letime, Las Gramas, Jarera Abajo, Taibique, Los Llanillos, … aunque ésta es la de mayor importancia. Pocos van quedando ya de los antiguos caminos, y el próximo será el del Tegasaste, que con éste que viene de Jinama formará una perfecta cruz en medio de la meseta, en las Cuatro Esquinas (y será conocido internacionalmente como The Four Corners), en el centro del fantástico futuro campo de golf que, si nadie lo impide (y no habrá quien tenga la mala ocurrencia de oponerse ni de poner trabas a tan magno y novedoso proyecto), se construirá en todo Nisdafe (que no está pa esparecida mejor cosa que ésta), directo rival de permanente verdor del escocés Saint Andrews, cuna de este noble deporte, con el que compartiremos algo más que el nombre del santo patrón que nos protege.

Continuar la obra en el Risco, hasta llegar a la plaza de Candelaria, estaría muy bien, decían, aunque técnicamente sería un poco más complicado y algo más costoso (y encima ahora con la confiscada crisis) , pero todo se andará, hoy en día todo es posible, y el empeño de nuestras autoridades removerá todos los obstáculos (incluida la oposición de algún mal llamado ecologista visionario que a todo se opone y que si por él fuera todavía íbamos en burro y con majos o alpargatas, o hasta descalzos) para poder bajar el Risco de Jinama en el mismo deportivo con el que acabamos de cruzar Nisdafe. Nadie sensato puede ser contrario a este proyecto, que no tiene sino ventajas y beneficios para todos, no importa lo que cueste (no vale medirlo en burdos términos economicistas y de rentabilidad). Importa, en definitiva, la felicidad de las personas, los avances, la inmediatez de las comunicaciones, la conservación de nuestras tradiciones, ser fieles a nuestras ancestrales costumbres, la sostenibilidad de la isla y el total respeto al entorno natural.

De hecho, y por fortuna para todos, pocas son ya las ancestrales calzadas de piedra que quedan en los pueblos y en los caminos, según dijeron también. Por fin todas han sido empichadas hasta las mismas orillas y alguna hay en la que el piche sube por las paredes (un poco, lo que les da la ventaja de quedar convertidas en ríos navegables en momentos de fuertes aguaceros). Confiemos en que nadie tendrá la idea, que ya se está viendo desde hace algunos años en otros sitios donde también cubrieron las piedras con alquitrán, de levantarlo para volver a la edad de la piedra, o sea, a retroceder en el tiempo. Si alguien sabe de alguna, o de un trozo por pequeño que sea, que aún no haya sido acondicionada y mejorada de esta forma, tiene el deber de denunciar tan anacrónica situación ante la autoridad competente, que hará el máximo esfuerzo posible para poner pronto remedio a ese vergonzoso hecho.

Esto chapurreaban los forasteros cuando, en un instante, la rabiosa bruma cubrió por completo la meseta, que desapareció bajo el manto gris y oscuro de la gruesa nube y el día se volvió casi noche. En ese instante, sumido en la negra espesura, mi mente dudó de si lo que acababa de contemplar era una fantasía, una ilusión, un sueño, una visión, un deseo o la simple, pura y dura realidad.

(*) Articulista
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