Ahora los enemigos no son ni terroristas ni los concejales de Ciudadanos o el propio Ignacio González, sino esa masa de malos ciudadanos que no pagan sus impuestos y que eluden la presión fiscal municipal que viven en Santa Cruz y que se han convertido en una terrible amenaza para la integridad física del primer teniente alcalde de Santa Cruz, Ángel Llanos.
Son esos los ciudadanos obligados a pagar sus impuestos por la gestión recaudatoria del concejal de Hacienda de Santa Cruz de Tenerife, después de años de paz y tranquilidad para sus bolsillos gracias por contra a la nefasta manera de llevar las cosas del alcalde nacionalista, que también lleva escoltas, los que ahora son enemigos públicos y por eso Llanos lleva a dos policías locales consigo por si acaso a los que les hayan cobrado el IAE, el IBI o se hayan puesto el día lo golpeen dura y gravemente.
Nada de esto es una gigantesca broma o una quedada. No, desgraciadamente es una respuesta de este nefasto cargo público, que ya se ha situado más allá del bien y del mal, en un espacio y en un foro público, privado pero abierto a los militantes del PP. Fue en Güímar y delante de los escasos militantes que pudo reunir para explicarles su proyecto y que antes de empezar recibió la supertollina de la presidenta del partido en el municipio que le dejó claro lo que había y a quién debía fidelidad.
Tras esta declaración de intenciones, Llanos se sometió amablemente a las preguntas de los asistentes y uno de ellos le preguntó porque llevaba guardaespaldas y éste le respondió la joya que ya hemos soltado anteriormente y que dejó estupefactos a todos los presentes. Y no es para menos.
Ya el CCN le ha pedido al grupo de gobierno que retire a estos dos escoltas, que junto a los de Miguel Zerolo suponen un enorme gasto, injustificado ante la gravísima crisis económica que se está padeciendo en estos momentos en las Islas. Los últimos datos hablaban que el coste total de estos nueve agentes es de 55.000 euros anuales, un auténtico despropósito, aunque justificado por Llanos ante la enormidad del peligro: cientos de morosos cazados y obligados a pagar sus impuestos y que quieren acabar con la vida de Ángelito. En fin, cosas que aún produciendo caqueo, dan fe de quien se sienta en la Casa de los Dragos.
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