Comenzó esta historia como le gustaba a él ver en la película El Mago de Oz, con un toque mágico. Estamos en Tenerife en 1993. Un concejal polémico y bastante curioso, ahora olvidado, José Chiyah, consigue con el apoyo entusiasta de José Emilio García Gómez, que el rey del pop haga un concierto en la Isla. Y lo hace, a pesar que Michael jamás ha oído hablar ni conoce esta tierra y menos a la gente que la gobierna.
La expectación es grande. Tanta que todos se ponen manos a la obra. Y se dan cuenta que necesitan gente que sepa hablar inglés. Y las piden por anuncios. Como es normal en estos lares, no había en aquel tiempo gente preparada para defenderse en el idioma de la pérfida Albión y menos para entender a un cantante que además de creerse un dios en la tierra, no descollaba precisamente por su nivel cultural. Por eso se abre un primer plazo, pero falta gente.
Y es el momento en que nuestro testimonio se topa con el astro de esta manera: “iba paseando por Santa Cruz de Tenerife, concretamente por el parque Don Quijote, cuando me tropecé con un amigo de la infancia. Después de saludarnos me dijo que tenía un poco de prisa porque se necesitaban traductores para el concierto de Michael Jackson y él se iba a presentar, habían abierto el plazo un par de días más por necesidad de cubrir un par de plazas que habían quedado vacantes. Y como no tenía nada que hacer en ese momento, le acompañé. Nos presentamos en la explanada del muelle donde se iba a realizar el concierto y preguntamos con quien teníamos que hablar para las plazas vacantes. Nos llevaron a una carpa blanca y una señorita joven nos entrevistó por separado en inglés. En ese momento se presentó el concejal encargado y le preguntó sobre nosotros a la entrevistadora. De mi amigo dijo que no tenia nivel suficiente y de mi dijo que me defendía mas o menos. Ante eso le tiré mi carnet de conducir británico en la mesa y les dije que era ella quien no tenía el nivel suficiente, que venía de estar cinco años en Inglaterra, y si eso no era prueba suficiente para tener la plaza. El edil la cuestionó y tuvo que admitirlo. Me contrataron at the moment. Cuatro días a siete mil de las antiguas pesetas, coche, gasolina y dietas (desayuno, almuerzo y cena). Me asignaron al jefe de obra, un americano cincuentón, muy serio y muy trabajador”.
Aclara nuestro singular testimonio que, “el trabajo era sencillo, ellos habían traído su cuadrilla de obreros especializados, y mi labor era de traducir cuando el jefe de obra se dirigía al concejal o cualquier otra persona de la organización. Era un hombre de pocas palabras. También tenía que buscarlo al hotel y llevarlo de vuelta y por otras cuestiones que no vamos a detallar. Me pasaba el día en la oficina viendo como los obreros especializados, todos ellos encantadores, se pasaban largos ratos colgados del teléfono, llamaban a Nueva Zelanda, Estados Unidos, Australia y varios sitios más. Siempre me preguntaba vaya negocio para el operador de teléfonos y vaya cuenta para el ayuntamiento. Y vaya que sí. La broma le costó dos millones de las antiguas pesetas en cinco días y pagadas por todos los santacruceros”.
Y viene lo mejor: “llegó el día de recibir al cantante y su sequito. El día anterior el concejal me había dicho que me asignaría llevar el coche para trasladar a Michael. Nos reunieron y el concejal no me asignó el coche de Michael. Se acercó y me dijo, -el hijo de tal, al parecer alguien importante, llevará el coche, han comprado un coche especial, con los cristales tintados y demás virguerías. Tu iras al aeropuerto y te encargarás de controlar el equipaje y de llevar al manager al hotel Botánico”. Un enchufado que consiguió que el dios menor le firmará en el capó”.
Y como siempre las cosas que se hacen en esta tierra por encima de la ley: “en el aeropuerto la espera se hizo un poco tediosa, al cabo de un par de horas llegó el jet privado, se bajaron y trajeron el equipaje sin pasar por aduanas hasta el camión que se había contratado. La Guardia Civil trajo a los perros y los pasaron por las maletas. Después se descargo el equipaje, y la de cosas que llevaba el cantante, y fui a buscar al manager. Lo llevé al hotel, una persona exquisita, muy amable. Me regaló fotos, camisas y varias cosas más de Michael”.
Al llegar al hotel, “había un gentío impresionante. Tardamos un rato enorme. Luego Michael se asomó por el balcón y la locura se desató entre las masas. Después de un par de horas regresamos a Santa Cruz y dejé al manager con los organizadores”.
Michael en acción
“El día del concierto fue inolvidable. Había gente desde primeras horas esperando. Se hizo larga la espera. Por la tarde llegó Michael. Se bajaron primero los vigilantes privados de él, nos dijeron que teníamos que escondernos, que no le podíamos ver, fue bastante violento, unos extranjeros amenazándote en tu tierra, ni que fuera dios pensé. No te dejaban acercarte a menos de 30 metros y cuando se movía por el backstage tenías que ocultarte o te atendrías a las consecuencias. Que decepción, ya no era lo mismo.
El concierto empezó y no fue tan bueno como dicen algunos, él no se esmero y a pesar de que duró dos horas, el descanso que hubo fue más largo de lo normal. Desde donde estaba podía ver bastante bien todo lo que pasaba. Una persona delante de mí sacó una foto, el flash se vio y los gorilas de Michael vinieron a por mí. Me registraron pero no encontraron nada. El de delante tuvo suerte, a él no lo registraron. Luego fue más divertido. Empezaron a desfilar chicas y chicos debajo de donde estaba en camilla desmayados. No paraban de pasar los camilleros de los militares. Tenían una carpa y tuvieron bastante trabajo. Mientras veía este espectáculo pensaba para mis adentros: compras la entrada, haces una cola terrible y cuando empieza el concierto te desmayas y te lo pierdes, que ridículo”.
Y ahora lo mejor, lo que distingue a nuestra Isla, incluso con un King como éste: “al día siguiente fui a cobrar, y por supuesto no cobre al momento, cosas del Ayuntamiento de Santa Cruz. Tardaron un mes y no me pagaron todo ya que me dijeron que si podía llevar al jefe de obra al aeropuerto esa noche. Les dije que si me lo iban a pagar y por supuesto me dijeron que si. Me pagarían los cinco días. Ok, le llevaré, contesté. Como dije antes se olvidaron o me engañaron, quien sabe pero aprendí la lección. Un par de meses más tarde se pusieron en contacto para otro gran concierto. Vendrían más grupos y sería durante unos días. Les pregunté cuanto me pagarían, me dijeron que no sabían todavía. Ok, cuando lo sepan, me llaman. Nunca lo hicieron. Dos amigos míos trabajaron en esos conciertos, todavía están esperando cobrar, y ya han pasado casi 15 años de aquello”. Y es que siguen sin respetar el trabajo ajeno. Pero bueno, lo bueno es que Thriller se paseó entre nosotros.
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