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Sociedad

Los hechos ocurrieron en una populosa localidad del Sur de Tenerife
EDDC.NET | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Pastillas de un medicamento.
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Aquí está el meollo de la noticia. Es lo que pasa en la calle. Lo que debe saltar a los medios y poner delante de nuestros ojos las consecuencias de la gravísima crisis económica que asola a todo el mundo, ante la cual ni el Gobierno ni los agentes sociales y económicos ni saben que hacer ni como hacerlo.

A nadie le interesan todos los debates parlamentarios ni las iniciativas ni los rifirrafes políticos cuando antes que llegue fin de mes, uno se da cuenta que no se tiene un euro en el bolsillo y hay que pagar todos los recibos. Y esto es lo que empieza a asfixiar a todas las familias, lo que retrae el consumo y convierte a los hogares en infiernos cotidianos, tan duros y despiadados como los que se dan en las cárceles, donde al menos los muros son reales y donde lo único que se ha perdido y ya es mucho, es la libertad de movimientos.

Esta presión cada vez mayor y cada vez más angustiosa a medida que se van agotando las prestaciones de desempleo, todos sitúan el inicio de la catástrofe en abril y mayo, es la que llevó a una mujer al borde de la muerte en una populosa localidad del Sur de Tenerife y motivó la intervención de los servicios sociales municipales, ya que tenía dos hijas menores, las cuales han sufrido un enorme shock ante el dramático por desesperado gesto de su madre, que al derrumbarse las deja a ellas indefensas.

La mujer, que se había quedado parada, no tenía recursos económicos suficientes para mantenerse ella y las hijas y su marido a causa de la crisis había tenido que irse de Tenerife a otro lugar de la Península, donde encontró trabajo, pero como debía compartir piso con otras personas, sino no le daba el dinero que ganaba, ella tuvo que quedarse en la Isla, con las dos niñas y vivir de lo que le mandaba su marido, pero que cada mes se volvía más insuficiente.

Y ante la imposibilidad de salir de este atolladero y sin apoyos familiares, la mujer, se tomó dos frascos de pastillas para acabar con todo esto, sin pensar en nada más. Afortunadamente su hija mayor se percató y dio la alarma y los vecinos actuaron de manera inmediata, logrando que llegara una ambulancia y que la mujer fuera llevada al hospital, donde se le salvó la vida, tras el consiguiente lavado de estómago. Ahora son los servicios sociales municipales los que han tomado cartas en el asunto, pero este no será ni el primero ni el último caso, se darán más a medida que avanza inconteniblemente la recesión económica. Y más cuando llegue el verano, donde todos los agentes turísticos ya se preparan para el derrumbe del sector. Y no pinta nada bien la cosa. Hablan incluso de 20.000 trabajadores en la calle y solamente en Tenerife. Y lo peor de todo es que los gestores públicos están paralizados, abrumados por lo que les está cayendo encima. Y la gente reclama soluciones, soluciones que no llegan, esas que hubieran podido evitar este dramático episodio cotidiano.

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